En adviento se hacen realidad nuestras esperanzas. El profeta Baruc dirige su palabra a una ciudad, Jerusalén, que sufre la opresión de sus vecinos. Ahora es todavía una realidad humilde y sin brillo, pero está destinada a ser la lumbrera de todas las naciones. El profeta invita a Jerusalén a despojarse del duelo y a vestirse como una mujer que se engalana para una fiesta. La ciudad devastada y desposeída de sus hijos, que fueron llevados al cautiverio de Babilonia; la ciudad desconsolada como una viuda, sin hijos y sin esposo que la cuide, puede y debe alegrarse ahora como una novia y como una madre feliz que espera el pronto retorno de sus hijos. Yahvé, su esposo, le ha preparado como vestido el “manto de su justicia” y como diadema “la gloria perpetua”. Anticipando el momento glorioso, el profeta invita a la ciudad a ponerse de pie y a subir al monte, sobreponiéndose a sí misma con la esperanza. Se acabó la diáspora, porque Dios se acuerda de Jerusalén y le han devuelto sus hijos. La Jerusalén prometida por Dios no es la que los judíos han empezado a reconstruir después del destierro, sino la Jerusalén del fin de los tiempos. Dios le dará un nuevo nombre: “paz en la justicia”. Tres veces se repite en el capítulo 5 de Baruc la palabra “justicia”. Es la justicia de Dios, basada en la misericordia y conducente a la paz. Este es nuestro sueño también para nuestro mundo, sueño que queremos hacer realidad. Continue reading “II Domingo de Adviento ciclo C 2018”