St Joseph and St Mary Parishes in Freeport, IL

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Domingo XXV Tiempo Ordinario ciclo B 2018

Jesucristo fue el Justo por excelencia, y tuvo que hacer frente a las tentaciones del mundo. Eso era algo que no podían entender sus discípulos: si Dios le había elegido como su Mesías, tendría que darle la fuerza, el poder y la majestad propia del Mesías, tal como lo habían anunciado desde antiguo las Escrituras. Pero lo que Jesús de Nazaret quería que entendieran sus discípulos era que él, después de la resurrección, sería un Mesías triunfante, pero que antes tenía que ser un Mesías sufriente y tendría que sufrir los tormentos de la Pasión. Todas las personas justas que ha habido sobre este planeta tierra han tenido que sufrir en esta vida su propia pasión, antes de entrar, a través de la resurrección, en la gloria del cielo. Esto es lo que quería Jesús que entendieran sus discípulos y esto es lo que tenemos que entender y aceptar todos los que queremos ser discípulos de Cristo. El mundo, el demonio y la carne, nos tientan día y noche, y día y noche tenemos que luchar contra las tentaciones, si queremos mantenernos en la justicia y en la santidad a la que Dios nos llama. Las tentaciones de la vanidad, de las ansias de poder, de goces materiales, del egoísmo en general, las tenemos todos en mayor o menor medida a la largo de la vida. Si queremos vivir como personas justas, luchemos todos los días con firmeza contra las tentaciones del mundo. Continue reading


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Domingo XXIV Tiempo Ordinario ciclo B 2018

¿Qué es Jesús de Nazaret para nosotros? ¿Qué es Jesús para mí? Es cierto que cada uno tiene hecho un retrato propio del Maestro y es cierto, también, que muchos de esos retratos no coincidirán entre sí, pero existen y conforman la vida del cristiano. Lo malo es si alguien no tiene en su corazón y en su alma –o, incluso, en su imaginación— el retrato de Jesús. Podríamos decir que, casi, es preferible tener un “mal” retrato que no tener nada. En fin, que la pregunta del maestro: “Y, vosotros, ¿quién decís que soy?” se muestra alguna vez, entre nosotros, sin respuesta, y ello ante cualquier acontecimiento nuevo. Es como si no termináramos de conocer al maestro, o como, asimismo, si las brumas algodonosas de la vida cotidiana tendieran a difuminar su imagen. Pedro tuvo más suerte. El Espíritu del Padre le iluminó y le llevó a definir con gran precisión quien era Jesús: “Tú eres el Mesías”. Pero el propio Pedro, mal conocedor de lo que, en verdad, tenía que ser el Mesías, quiso apartar a Jesús de su vocación y recibió del Maestro el peor apelativo: Satanás. Y es llamativo como la misma persona –Pedro—tiene, en un breve espacio de tiempo, un cambio tan importante a la hora de definir la persona o la misión de Jesús. ¿Nos pasa a nosotros igual? Sí, por supuesto. Porque si verdaderamente tuviéramos en nuestra alma y en nuestra memoria la definición cabal y verdadera de lo que es Jesús de Nazaret, no nos alejaríamos de Él, dando –tantas veces—prioridad a muchas cosas absurdas de este mundo. Continue reading


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Domingo XXIII Tiempo Ordinario Ciclo B 2018

Sordomudos físicos los ha habido siempre, pero sordomudos religiosos, que no quieran oír, ni hablar de religión, es un fenómeno relativamente reciente. Porque muchos sordomudos religiosos actuales no se declaran ni ateos, ni creyentes, simplemente pasan de religión. Y este fenómeno se da preferentemente entre los jóvenes, lo que convierte a este hecho en un hecho sumamente grave, desde el punto de vista religioso, claro. ¿A qué se puede deber esto? Las causas tienen que ser más de una, por supuesto, pero yo creo que una de las causas más frecuentes es el hastío que muchos jóvenes sienten hacia el lenguaje religioso tradicional que se usa para explicar los dogmas, para realizar la liturgia, y, en general, en el modo de llevar las catequesis diarias en nuestras parroquias y colegios religiosos, con honrosísimas excepciones. No es nada nuevo decir, ni oír decir, que la Iglesia debe actualizar su lenguaje religioso, si quiere llegar de verdad al corazón de los jóvenes. Jesús, tal como vemos en el evangelio de este domingo, no habló con palabras al sordomudo, porque no podía oírle, ni entenderle verbalmente, sino que le habló con unos gestos que eran muy significativos para ellos y para la gente de aquel tiempo. A la vista de lo que estamos diciendo, es fácil concluir que lo que debemos hacer los evangelizadores de hoy con los sordomudos de nuestro tiempo es cambiar nuestro lenguaje religioso y encontrar gestos sociales y religiosos que sean significativos para ellos. Es algo muy difícil de concretar, pero es algo tan importante, que nuestra Iglesia debe emplear todas sus fuerzas sociales y religiosas para conseguirlo. ¡Que Dios nos ayude a todos en tan importante y maravillosa tarea! Continue reading


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Domingo XXII Tiempo Ordinario Ciclo B 2018

Jesús conocía bien a la gente de su tiempo y, por extensión, a la gente de todos los tiempos. A los fariseos y escribas del tiempo de Jesús la pureza ritual y el cumplimiento estricto de la tradición les servía fácilmente para tapar la mezquindad de su corazón. Con ritos, rezos, ayunos y sacrificios, tranquilizaban su conciencia, aunque su corazón permaneciera cerrado al perdón, a la misericordia y al amor de Dios y del prójimo. Hoy a muchos cristianos de nuestro tiempo nos pasa lo mismo: podemos seguir siendo egoístas, tacaños, inmisericordes, siempre que, eso sí, nos mantengamos fieles a ritos, normas y cumplimientos que nos impone la tradición religiosa en la que nos han educado. Jesús de Nazaret lo tenía muy claro: es de dentro, del corazón del hombre, de donde salen los buenos y los malos propósitos. El corazón del hombre es, simbólicamente, el centro de donde salen los deseos más nobles: bondad, lucha por la justicia, nobleza de alma, amor generoso; pero también el corazón es, simbólicamente, el centro de donde salen los malos propósitos, fornicaciones, robos, homicidios, codicias, injusticias, fraudes, egoísmo, envidia, orgullo. Si cambiamos el corazón, cambiarán nuestras costumbres. Esta es nuestra gran tarea a lo largo de nuestra vida: cambiar nuestro corazón. Pero muchas veces empezamos por el final: intentamos cambiar nuestras acciones, sin intentar cambiar nuestro corazón. Sólo en la medida en que nuestro corazón vaya cambiando, irán cambiando nuestras acciones. Continue reading


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Domingo XXI Tiempo Ordinario Ciclo B 2018

El pueblo hebreo se había establecido definitivamente en la tierra prometida, pero los recuerdos de su estancia en Egipto y el contacto con las gentes de su entorno, les había ido pegando costumbres y creencias de la cultura cananea que les rodeaba. Hay cosas que se pueden mezclar, pero que no se pueden diluir, una de ellas es la religiosidad. Como le pasa al agua para el consumo humano, es preciso depurarla, antes de que sea apta del todo para beberla. Continue reading


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Domingo XX Tiempo Ordinario ciclo B 2018

La primera lectura de este Vigésimo Domingo del Tiempo Ordinario habla de la sabiduría y la sitúa frente –en contra– de la insensatez. El conocimiento de Dios –ya lo hemos dicho otras veces– nos coloca en una realidad personal más objetiva con olvido de fantasías inalcanzables o de deseos imposibles que suelen llenar nuestros tiempos insensatos cuando estamos lejos de Dios. La búsqueda de Dios ha de ser, además, placentera y humilde. No se trata de una asignatura técnica, ni tampoco de un ejercicio histórico de investigación. Basados en las Escrituras y en lo que los cristianos, a través de los siglos e inmersos en esa conexión valida llamada Comunión de los Santos, nos han ido aportando: la Tradición.

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Domingo XIX Tiempo Ordinario ciclo B 2018

From Last weeks bulletin

San Juan dice, en el evangelio y en sus Cartas, que tanto el pan de vida, como la fe en Cristo, producen el mismo efecto: la vida eterna. Como sabemos, San Juan no describe en su evangelio la institución de la eucaristía, pero en el capítulo sexto habla extensa y profundamente del pan de vida. El pan de vida nos dice San Juan, nos da la vida eterna. También nos dice San Juan en este mismo capítulo que el que cree en él tiene vida eterna. Para San Juan el pan de vida y la fe viva en Cristo producen, pues, el mismo efecto: la vida eterna. De donde debemos deducir que la fe viva en Cristo es también comunión con Cristo. Es decir, que comer el pan vivo y creer en Cristo, según San Juan, es vivir en comunión con él. Es evidente que no se trata aquí de un comer físicamente el cuerpo de Cristo, como tampoco se trata aquí de un simple creer racionalmente en Cristo. Comer el cuerpo de Cristo es comulgar con él, es identificarse místicamente con él, como también creer en Cristo es querer identificarme con él, es querer vivir en comunión con él. Cuando comemos físicamente el cuerpo sacramentado de Cristo en la eucaristía debemos comulgar mística y espiritualmente también con Cristo. Solo si comulgamos espiritualmente con Cristo cuando comemos físicamente el pan consagrado, habremos comido el pan vivo que nos hace vivir para siempre. En este sentido, se han aplicado estas palabras de San Juan a la participación de los fieles en el sacramento de la eucaristía. El pan que comulgamos lo recibimos como pan de vida, como vida de Cristo, y por eso creemos que este pan nos da la vida eterna. No debemos separar nunca la comunión física de la comunión espiritual, porque comulgar con Cristo es comulgar con el cuerpo místico de Cristo, del que todos nosotros somos miembros vivos. Continue reading