St Joseph and St Mary Parishes in Freeport, IL

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XXVIII Domingo tiempo ordinario ciclo A 2017

En el texto de Isaías de este domingo se anuncia un festín de manjares suculentos “para todos los pueblos”. La invitación de Dios es, pues, universal. No hay duda de que Dios no hace acepción de personas, para El todos somos iguales, a todos nos invita a participar en su fiesta. Continue reading


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Domingo XXVII Tiempo ordinario ciclo A 2017

El Señor espera que demos frutos de amor. Tanto el profeta Isaías como el evangelio de Mateo utilizan la imagen de la viña para resaltar la relación de Dios con su pueblo. La viña era la casa de Israel. Yahvé la plantó, arregló y preparó con todo esmero para que diera fruto. Derrochó en ella todo su amor. Sólo esperaba de ella una cosa: que diera uvas, el fruto de la vid. En el pacto de la Alianza en el Sinaí quedó claro el compromiso de ambas partes: “vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios”. El Señor fue fiel, pero el pueblo olvidó su juramento. Dios sólo deseaba que diera frutos de amor, por su propio bien, por su propia felicidad. A pesar de todo, envió a sus mensajeros los profetas (los criados de la parábola) para recordárselo, pero no sólo no les escucharon sino que les apedrearon o les mataron. ¿Qué más podía hacer por su viña que no haya hecho? Lo impensable: envió a su propio hijo. Pero los labradores acabaron con su vida para quedarse con la viña. Continue reading


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Domingo XXVI tiempo ordinario ciclo A 2017

Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del Reino de Dios. Se oye con frecuencia citar esta frase que Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo de Israel, para demostrar que muchos de los que nosotros consideramos observantes y santos serán tratados por Dios en el juicio final con más rigor que muchos de los que nosotros consideramos pecadores. Algo así como que los que nosotros consideramos pecadores serán los primeros en el Reino de Dios, mientras que los que nosotros llamamos santos serán los últimos. Esto en parte es verdad, pero sólo en parte; porque lo que dice Jesús es que los pecadores y prostitutas serán primeros porque creyeron a Juan y se convirtieron, mientras que los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo serán últimos porque oyeron a Juan y no se convirtieron. Para nosotros, hoy, el tema central de este relato es la conversión, la necesidad de creer en Jesús y convertirse a él. Si nos convertimos y vivimos de acuerdo con el evangelio de Jesús seremos primeros ante Dios, mientras que si no nos convertimos y no vivimos según el evangelio de Jesús seremos últimos. Continue reading


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Domingo XXV del tiempo ordinario ciclo A 2017

¿En qué se diferencian los planes divinos y los humanos? Los planes y caminos de Israel, a consecuencia de la grave situación en que se encuentra, son los de la duda, falta de fe, escasa confianza en sí mismos, en los otros. Porque la palabra divina es siempre eficaz, el Segundo Isaías urge a los suyos, mediante dos imperativos, a buscar al Señor; no ha muerto sino que se halla muy cerca de aquél que le busca. En el Antiguo Testamento “buscar al Señor” puede denotar una llamada cultica: acudir al santuario con sacrificios y oraciones, pero no se agota aquí su sentido. Buscar al Señor es hacer caso de la palabra profética que Isaías está dirigiendo a su pueblo: a Dios se le puede encontrar en el desierto, ahora mismo…, sólo se exige la conversión y la escucha de su Palabra. Continue reading


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Domingo XXIV del tiempo ordinario ciclo A 2017

No es fácil perdonar siempre. Son muchas las personas que dicen que ellos no podrán perdonar nunca a algunas personas, porque les han hecho mucho mal. Y, tal como ellos entienden el perdón, tienen razón. Perdonar no es olvidar, ni comportarse con las personas que te han hecho mucho daño como si no hubiera pasado nada. El corazón humano tiene unas leyes y unas exigencias que no se pueden cambiar fácilmente. Hay ofensas que afectivamente no podremos olvidar nunca, por mucho que lo intentemos. Pero el perdón cristiano no exige el olvido afectivo. Perdonar cristianamente a una persona que nos ha ofendido es no desear nada malo para ella y pedirle a Dios que le ayude a convertirse y a ser feliz haciendo el bien. No podemos olvidar lo que nos han hecho, pero no vamos a intentar devolverles mal por mal, sino que les deseamos paz y bien. El perdón cristiano es hijo del amor cristiano, que tiene poco que ver con el amor afectivo y pasional. No puedo amarle, ni perdonarle afectivamente, pero le amo y le perdono cristianamente. Es en este sentido en el que Cristo nos manda que perdonemos hasta setenta veces siete, es decir, siempre, a los que nos han ofendido. En este sentido, la misericordia es superior al juicio, como nos dice en su carta el apóstol Santiago. Continue reading


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Domingo XXIII Tiempo Ordinario ciclo A 2017

Hoy no está de moda la corrección fraterna; en otros tiempos sí. Yo no creo que esto se deba a que todo tiempo pasado fuera mejor. Los tiempos son buenos o malos según seamos buenos o malos las personas. Si las personas son mejores, los tiempos serán mejores. Los tiempos, más que mejores o peores, son siempre distintos, porque las personas y las culturas son seres vivos que nacen, crecen, y mueren en tiempos distintos. Y ya sabemos que, como nos dijo tan acertadamente Ortega y Gasset, el hombre siempre vive pegado a su circunstancia. Hoy día la gente no quiere complicarse la vida corrigiendo a los demás. Yo creo, simplificando mucho, que la corrección fraterna es hoy tan importante como antes. Lo que debe cambiar, para bien, es la forma y maneras de hacer la corrección fraterna. Lo de “tienes que hacer esto porque lo digo yo que soy tu padre, o tu maestro, o tu superior” ya no vale. Hoy, más que nunca, la corrección fraterna sólo será valiosa si la persona corregida ve la corrección como expresión del amor de la persona que corrige. No te corrijo porque soy tu padre, o tu maestro, o tu superior, sino porque te amo y vivo preocupado por ti y de ti. También el talante y el clima de la corrección deben cambiar: la corrección debe estar acompañada y envuelta en un clima de sencillez, de cariño y, sobre todo, de humildad. En cualquier caso, debemos reconocer que muchas veces la corrección fraterna es difícil de realizar y algunas veces hasta imposible. Lo que siempre será posible será mostrar y demostrar nuestro amor a las personas a las que creemos que deberíamos corregir. Y esto ya es mucho. Continue reading


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Domingo XXII tiempo ordinario ciclo A 2017

Los maestros espirituales de todos los tiempos nos han dicho que la ascética es un paso necesario en el camino de perfección. Pensar que el espíritu humano puede llegar a su perfección espiritual sin poner freno a los desenfrenos del cuerpo, es una utopía inhumana. Nacemos imperfectos, con tendencias carnales contrarias a un buen desarrollo del espíritu y necesitamos domar el caballo negro de nuestras pasiones incontroladas, como ya nos decía el mismísimo Platón, para que el carro de nuestra vida corra por el buen camino y no se desboque, ni se desvíe del camino recto. Jesús se lo dice así, de una forma clara y tajante, al bueno y optimista Pedro que quería ver a Cristo ya en la cima de la gloria, sin haber pasado antes por el monte de la crucifixión. Pero es que Dios no ha excluido a ningún ser humano, ni siquiera a su propio Hijo, de subir al monte calvario, antes de subir al monte de la resurrección. Esto lo hemos estado viendo estos días pasados, en un orden puramente humano, en los ciclistas corredores del tour de Francia y de la vuelta a España. Han tenido que sufrir mucho y subir sacrificadamente muchos puertos, antes de llegar a la meta final. La vida no siempre es un valle de lágrimas, pero siempre es un campo de batalla. Eso fue para Cristo, que quiso cargar amorosa y pesadamente con su cruz, y eso es necesariamente para cada uno de nosotros, porque nacemos inclinados al pecado y necesitamos esforzarnos cada día, cargar con nuestras cruces, si queremos llegar a la perfección a la que hemos sido llamados. Continue reading