St Joseph and St Mary Parishes in Freeport, IL

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Domingo XXVII Tiempo ordinario ciclo A 2017

El Señor espera que demos frutos de amor. Tanto el profeta Isaías como el evangelio de Mateo utilizan la imagen de la viña para resaltar la relación de Dios con su pueblo. La viña era la casa de Israel. Yahvé la plantó, arregló y preparó con todo esmero para que diera fruto. Derrochó en ella todo su amor. Sólo esperaba de ella una cosa: que diera uvas, el fruto de la vid. En el pacto de la Alianza en el Sinaí quedó claro el compromiso de ambas partes: “vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios”. El Señor fue fiel, pero el pueblo olvidó su juramento. Dios sólo deseaba que diera frutos de amor, por su propio bien, por su propia felicidad. A pesar de todo, envió a sus mensajeros los profetas (los criados de la parábola) para recordárselo, pero no sólo no les escucharon sino que les apedrearon o les mataron. ¿Qué más podía hacer por su viña que no haya hecho? Lo impensable: envió a su propio hijo. Pero los labradores acabaron con su vida para quedarse con la viña. Continue reading


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Domingo XXV del tiempo ordinario ciclo A 2017

¿En qué se diferencian los planes divinos y los humanos? Los planes y caminos de Israel, a consecuencia de la grave situación en que se encuentra, son los de la duda, falta de fe, escasa confianza en sí mismos, en los otros. Porque la palabra divina es siempre eficaz, el Segundo Isaías urge a los suyos, mediante dos imperativos, a buscar al Señor; no ha muerto sino que se halla muy cerca de aquél que le busca. En el Antiguo Testamento “buscar al Señor” puede denotar una llamada cultica: acudir al santuario con sacrificios y oraciones, pero no se agota aquí su sentido. Buscar al Señor es hacer caso de la palabra profética que Isaías está dirigiendo a su pueblo: a Dios se le puede encontrar en el desierto, ahora mismo…, sólo se exige la conversión y la escucha de su Palabra. Continue reading


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Domingo XXIII Tiempo Ordinario ciclo A 2017

Hoy no está de moda la corrección fraterna; en otros tiempos sí. Yo no creo que esto se deba a que todo tiempo pasado fuera mejor. Los tiempos son buenos o malos según seamos buenos o malos las personas. Si las personas son mejores, los tiempos serán mejores. Los tiempos, más que mejores o peores, son siempre distintos, porque las personas y las culturas son seres vivos que nacen, crecen, y mueren en tiempos distintos. Y ya sabemos que, como nos dijo tan acertadamente Ortega y Gasset, el hombre siempre vive pegado a su circunstancia. Hoy día la gente no quiere complicarse la vida corrigiendo a los demás. Yo creo, simplificando mucho, que la corrección fraterna es hoy tan importante como antes. Lo que debe cambiar, para bien, es la forma y maneras de hacer la corrección fraterna. Lo de “tienes que hacer esto porque lo digo yo que soy tu padre, o tu maestro, o tu superior” ya no vale. Hoy, más que nunca, la corrección fraterna sólo será valiosa si la persona corregida ve la corrección como expresión del amor de la persona que corrige. No te corrijo porque soy tu padre, o tu maestro, o tu superior, sino porque te amo y vivo preocupado por ti y de ti. También el talante y el clima de la corrección deben cambiar: la corrección debe estar acompañada y envuelta en un clima de sencillez, de cariño y, sobre todo, de humildad. En cualquier caso, debemos reconocer que muchas veces la corrección fraterna es difícil de realizar y algunas veces hasta imposible. Lo que siempre será posible será mostrar y demostrar nuestro amor a las personas a las que creemos que deberíamos corregir. Y esto ya es mucho. Continue reading


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XXI Domingo tiempo ordinario ciclo A 2017

Probablemente Jesús formula la pregunta sobre su identidad en Cesarea, ciudad situada en la costa mediterránea y reconstruida por Filipo, hijo de Herodes el Grande. Lo hace en territorio semi-pagano y rodeado de sus discípulos. Estos tratan de dar una respuesta comenzando por lo que opina la gente de fuera de la comunidad. Sólo los que están dentro son capaces de responder adecuadamente. Y lo hace Pedro, como portavoz de los discípulos. Acierta plenamente cuando dice “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Probablemente en aquel momento no sabía lo que decía, pero acierta. También nosotros acertamos cuando repetimos de memoria lo que hemos aprendido en el catecismo sobre la divinidad de Jesús. Pero no es eso lo importante, lo que cuenta de verdad es si sabemos lo que decimos cuando decimos las palabras del Credo relativas al Hijo de Dios. Y sobre todo si lo que decimos con los labios lo seguimos con el corazón. Continue reading


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Sexto domingo tiempo ordinario ciclo A 2017

Libres, capaces de hacer el bien o de hacer el mal. Tenemos ante nosotros, de forma continua, dos caminos: uno que nos aleja de Dios, otro que nos acerca a Él. Uno, es verdad, fácil de recorrer, cómodo de andar, atractivo a nuestros ojos. El otro empinado, duro y estrecho, poco apetecible a nuestro espíritu de sibaritas. Pero ya sabemos por la fe, y por la experiencia muchas veces, que al término del camino ancho nos aguarda la tristeza, el fracaso, la angustia, la muerte. En cambio, después de recorrer el camino duro encontramos la paz, la alegría, la esperanza, la vida. Continue reading


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Domingo V del tiempo ordinario ciclo A

Isaías interpela a sus coetáneos sobre la vivencia de la fe después de la vuelta del exilio. Observa el profeta la crisis de esperanza provocada por lo que tarda la salvación y denuncia la depravación del culto a los ídolos. Notaba un desprecio de los extranjeros que se habían establecido en la tierra de Israel durante el exilio. Por eso anuncia que toda reconstrucción debe tener en cuenta la dimensión social: no puede haber fe en el Dios de Israel sin la justicia del país. Principio claro y aplicable a nuestros días… La promesa de Dios es clara: la verdadera restauración vendrá cuando el creyente colabore en la restauración de su hermano. Esto está descrito como una especie de procesión ritual: la justicia va delante, en medio el que obra según Dios y, al final, la gloria del Señor. Solo cuando seamos capaces de partir el pan con el hambriento y de saciar el estómago del indigente podrá brillar la luz en el mundo. Es lo mismo que nos recuerda este domingo Manos Unidas con el lema “Un mundo nuevo, proyecto común”. En el compromiso de este año propone exigir que se lleve a cabo el octavo y último objetivo de Desarrollo del Milenio fijado por Naciones Unidas: “Fomentar una alianza mundial por el desarrollo”. Es posible cumplir la alianza cuando haces que la vida del que vive en tu ciudad pueda ser justa y digna. Mensaje para tiempos de fuertes crisis, las de entonces como las de ahora. Continue reading


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Domingo III tiempo ordinario ciclo A

Hoy comenzamos nuestra reflexión con esta primera frase de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios. Estamos dentro del octavario de oración por la unión de las Iglesias cristianas. Llevamos ya muchos años todos los cristianos diciendo que queremos la unión de las iglesias cristianas. Todos lo queremos y todos rezamos a Dios para que nos ayude a conseguirlo. Si todos lo queremos, ¿por qué no lo conseguimos? Es cierto que no todos los cristianos profesamos los mismos dogmas, ni ejecutamos los mismos ritos. Pero todos –católicos, protestantes, anglicanos, ortodoxos- creemos en Dios Padre, todos creemos en Dios Hijo, todos creemos en Dios Espíritu Santo. ¿No será esto suficiente para que todos los cristianos nos consideremos como auténticos hermanos y nos amemos como tales? También dentro de la Iglesia Católica hay teólogos católicos que interpretan un mismo dogma cristiano de manera muy distinta y sin embargo siguen llamándose y seguimos llamándolos “católicos”. Yo creo que el que nos consideremos hermanos en Cristo, de pensamiento, palabra y obra, ya es razón suficiente para decir que todos pertenecemos a la misma Iglesia cristiana. Cada persona somos un mundo distinto, en pensamientos, palabras y obras. Ni los católicos, ni los anglicanos, ni los protestantes, ni los ortodoxos, nos libramos de nuestra singularidad. Pero, si no oficialmente, al menos sí, cordialmente, llamémonos hermanos y amémonos como hermanos. Porque para que la Iglesia sea una no tiene por qué dejar de ser plural. Continue reading