St Joseph and St Mary Parishes in Freeport, IL

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IV Domingo de Adviento ciclo A 2016

El profeta Miqueas denuncia en su libro las injusticas y corrupciones de los ricos acaparadores, de los comerciantes fraudulentos, de los sacerdotes y profetas codiciosos…, y anuncia un juicio de Dios contra su pueblo. Pero también hay un aspecto positivo en su mensaje: el castigo se transforma en llamada a la conversión. El profeta mantiene la esperanza en la salvación de un “resto” y anuncia el establecimiento de la dinastía de David. Este es el mensaje gozoso de la primera lectura de este cuarto domingo de Adviento: nacerá en Belén un sucesor de David. Mateo refiere este texto expresamente al nacimiento de Jesús en Belén. El reino mesiánico no es simplemente continuación o restauración del reino de David, sino la revelación del misterio de Dios y del último sentido de toda la historia. Dios está a favor del hombre y dispuesto a instaurar la paz en el mundo. Un mensaje lleno de esperanza en medio de la desesperanza en la que vivimos. Continue reading


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Domingo XXI Tiempo Ordinario Ciclo C

En los tiempos de Jesús los judíos creían, mayoritariamente, que sólo podían salvarse los que pertenecían al pueblo de Israel, porque sólo ellos eran los destinatarios de las promesas que Yahveh había hecho a Moisés y a los patriarcas. La pregunta que en aquel tiempo se hacían los rabinos y maestros de la Ley judía era si realmente se salvarían muchos o pocos de los herederos del reino de Dios. La respuesta de Jesús fue realmente sorprendente para ellos, y seguramente que también desconcertante e irritante para todos aquellos judíos que pensaban que por haber comido y bebido con Jesús, por ser sus paisanos y convecinos, tenían ya asegurada la salvación. Jesús les dice que no se iba a salvar nadie por el simple hecho de ser judío, de haber comido y bebido con él, o por haberle escuchado en sus plazas. Para salvarse lo que había que hacer era esforzarse en entrar por la puerta estrecha, es decir, ser fieles a Dios y amar al prójimo. Esta condición era tan necesaria para los judíos como para los no judíos y, en este sentido, Jesús se atreve a decirles que muchos no judíos serán los primeros en entrar en el reino de Dios, mientras que muchos judíos no entrarían, o entrarían los últimos. Para entender bien esta respuesta de Jesús, debemos recordar lo que nos dice el evangelista Mateo, en el capítulo 25, cuando Jesús les habla a los judíos sobre el juicio final y dice quiénes estarán a su derecha y quiénes a su izquierda, o cuando Jesús dice esta misma frase sobre los últimos y los primeros aplicada a los obreros que, siendo enviados a distintas horas a la viña, todos cobrarían, sin embargo, lo mismo (20, 16). Bien, tratando de aplicar ahora esta frase a nuestro tiempo podríamos decir que, según Jesús, para salvarse lo principal no es ser socialmente cristiano, o no ser socialmente cristiano, sino esforzarse en ser buenas personas, amando a Dios y al prójimo sobre todas las cosas. Continue reading


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Domingo XVI Tiempo Ordinario Ciclo C

La tienda del Señor es el universo entero, pero la tienda viva donde Dios puede ver reflejada su propia imagen es el ser humano. Dios quiere hospedarse en nuestra tienda, en nuestra vida, en nuestro corazón. Pero Dios no quiere invadir nuestro territorio violentamente, quiere que nosotros le invitemos amablemente, que le abramos de par en par los brazos de nuestro corazón. Esto, según el salmo 14, lo consigue el que procede honradamente, el que practica la justicia, el que obra siempre con recta intención, el que no hace mal al prójimo, ni desprecia a nadie. El que así obra, nunca fallará, es decir, tendrá siempre a Dios como huésped, vivirá dirigido por Dios, lleno de Dios, como imagen humanamente perfecta de Dios. Los santos vivieron siempre llenos de Dios, se dejaron dirigir por Dios, quisieron que Dios fuera siempre el dueño de su corazón, de su vida. Dios está hospedado preferentemente en la tienda de los santos.

San Pablo está muy convencido de que el sufrimiento de Cristo fue un sufrimiento redentor. Con su gran sufrimiento, consecuencia de su gran amor, Cristo redimió a toda la humanidad. Pablo se siente elegido por Dios para anunciar a los gentiles el evangelio de Cristo y sabe que no podrá hacerlo sin mucho sufrimiento. Él acepta el sufrimiento como prolongación del sufrimiento de Cristo, como un sufrimiento redentor. Este comportamiento de Pablo debe animarnos a nosotros a aceptar todos aquellos sufrimientos que son consecuencia del cumplimiento de nuestra vocación de cristianos y evangelizadores. Este sufrimiento es un sufrimiento redentor y debemos alegrarnos de poder contribuir así a la salvación del mundo.

Toda nuestra vida debe ser un tiempo de escucha, de escuchar lo que nos dice el Señor. Primero escuchar, oír la voz de Dios, y después actuar en consecuencia. Contemplación y acción, siempre bajo la mirada atenta de nuestro Dios. María y Marta, Marta y María, son las dos dimensiones necesarias de toda vida cristiana. Ni la contemplación puede librarnos de la acción, ni viceversa. Dios nos quiere activos y contemplativos, en conversación continua con Dios y en atención continuada al hermano. Así Dios se sentirá a gusto en nuestra tienda, en nuestra casa, como se sentía a gusto en casa de Marta y María. Por Gabriel González del Estal.  Betania. Es.

Diego Ospina


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Domingo XV Tiempo Ordinario

El texto de la parábola del evangelio se abre con un diálogo entre un doctor de la ley y Jesús: “Maestro, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?” Sólo en el texto de Lucas la pregunta no se hace sobre cuál sea el mandamiento más grande, sino cómo heredar la vida eterna, una pregunta que los sinópticos ponen en boca de un joven rico. Aquí el doctor no está contento con la respuesta de Jesús y, “queriendo justificarse” por haber hecho la pregunta, quiere asegurarse de quién es el prójimo para poder amarle. Después de la parábola, el doctor de la ley definirá al prójimo como aquel “que ha tenido compasión”. “Ve y haz tú lo mismo”, esta frase de Jesús nos recuerda las palabras pronunciadas en la Ultima Cena, cuando, después de lavar los pies, Jesús invita a los discípulos a obrar según su ejemplo. En esta Ultima Cena Jesús deja a los suyos el mandamiento del amor, entendido como la disponibilidad a “dar la vida” para amarnos mutuamente como el Señor nos ha amado. Este mandamiento va más allá de la observancia de la ley. El sacerdote y el levita han observado la ley, no acercándose al pobre herido y dejado medio muerto, para no volverse impuros. Jesús va más allá de la ley y quiere que sus discípulos obren como Él: “Por esto sabrán que sois mis discípulos, si os amáis los unos a los otros”. Para el discípulo de Jesús, la mera filantropía no es suficiente, el cristiano está llamado a algo más que le hace semejante a su maestro. Continue reading


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Corpus Cristi

Dios se hizo hombre y convivió con nosotros. Es algo muy grande, inconmensurable. Sin duda, Jesús es el rostro de Dios Invisible. Luego, la noche en que iba a ser entregado, dejó a sus discípulos una presencia permanente en la forma real de su Cuerpo y su Sangre. La misma que había servido para la Encarnación de Dios en hombre. Esto es también enorme y da vértigo solo pensarlo. Porque Dios está presente en una cercanía impresionante: en los sagrarios de todas las iglesias y sobre el altar de todas las misas cotidianas. Es probable que no seamos capaces de entender totalmente esa realidad; que, incluso, la aceptemos intelectualmente, pero que se nos olvide o que no la sintamos de manera suficiente.

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VI Domingo de Pascua

La fe en Cristo resucitado nos da paz, alegría interior y confianza en su presencia permanente entre nosotros. Como nos dice San Agustín, “para comprender el misterio de Dios hay que purificar el corazón; de ningún otro lugar proceden las acciones sino de la raíz del corazón” (Sermón 91). La fe cristiana nace del corazón, pero corre el peligro de transformarse en religión de ritos. Los judíos “religiosos” quieren imponer la circuncisión. La Iglesia está amenazada de quedarse en los medios, los ritos, y olvidarse de lo fundamental, la interioridad de la fe. También nosotros corremos el riesgo de confundir las tradiciones con la verdad, de afirmar como eterno e inmutable lo que es fruto de una época, de hacer apología de nuestra fe con una filosofía ya superada, de imponer cargas y obligaciones que alejan de lo fundamental, de sostener que viene de Dios lo que viene del hombre. Necesitamos vino nuevo en odres nuevos, recuperar la sintonía con la cultura y con el hombre de nuestro tiempo. En el llamado concilio de Jerusalén los primeros cristianos escucharon la voz del Espíritu Santo que Jesús les había prometido. El Espíritu nos ayudará a no quedarnos en lo superficial para llegar a identificarnos con el Padre que nos ama, viene a nuestra vida y hace morada en nosotros. El Papa Francisco constantemente nos hace una llamada a recuperar la frescura del evangelio, a valorar lo esencial en el seguimiento de Jesucristo.
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El buen Pastor

El pastor y las ovejas es una imagen clásica en la literatura bíblica. Muchos profetas se sirvieron de ella cuando quisieron hablar de las relaciones entre Dios y su Pueblo. Es una imagen cotidiana en una economía agrícola y ganadera. Las ovejas representan a los seguidores de Jesús, el Buen Pastor, que da su vida por ellas. El Papa Francisco nos ha dicho que los “pastores tienen que oler a oveja”, es decir tienen que estar en medio del pueblo, compartir sus sufrimientos y sus gozos. El auténtico pastor “conoce a sus ovejas” y les da vida.
“Mis ovejas escuchan mi voz y me siguen”, dice Jesús. Lo primero que tenemos que hacer es escuchar la Palabra de Dios, para después hacer la vida en nosotros y seguir a Jesús. El seguimiento de Jesús comporta un comportamiento consecuente con el Evangelio. El seguimiento es la norma de moralidad para el cristiano. A este respecto escribe San Agustín: “¡Lejos de nosotros afirmar que faltan ahora buenos pastores; lejos de nosotros el que falten, lejos de su misericordia el que no los haga nacer y otorgue! En efecto, si hay ovejas buenas, hay también pastores buenos, pues de las buenas ovejas salen buenos pastores. Pero todos los buenos pastores están en uno, son una sola cosa. Apacientan ellos: es Cristo quien apacienta. Los amigos del esposo no dicen que es su voz propia, sino que gozan de la voz del esposo”. Por José María Martín OSA. Betania. Es.