St Joseph and St Mary Parishes in Freeport, IL

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Domingo XXVI tiempo ordinario ciclo A 2017

Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del Reino de Dios. Se oye con frecuencia citar esta frase que Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo de Israel, para demostrar que muchos de los que nosotros consideramos observantes y santos serán tratados por Dios en el juicio final con más rigor que muchos de los que nosotros consideramos pecadores. Algo así como que los que nosotros consideramos pecadores serán los primeros en el Reino de Dios, mientras que los que nosotros llamamos santos serán los últimos. Esto en parte es verdad, pero sólo en parte; porque lo que dice Jesús es que los pecadores y prostitutas serán primeros porque creyeron a Juan y se convirtieron, mientras que los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo serán últimos porque oyeron a Juan y no se convirtieron. Para nosotros, hoy, el tema central de este relato es la conversión, la necesidad de creer en Jesús y convertirse a él. Si nos convertimos y vivimos de acuerdo con el evangelio de Jesús seremos primeros ante Dios, mientras que si no nos convertimos y no vivimos según el evangelio de Jesús seremos últimos. Continue reading


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IV Domingo de Pascua ciclo A 2017

Las lecturas de los domingos de Cuaresma del Ciclo A tienen un marcado carácter bautismal. Se trata de catequesis sobre el Bautismo y la necesidad de la fe para seguir a Jesús. Como ocurrió el domingo pasado con la samaritana, el ciego de nacimiento nos representa a todos. ¿Quién de nosotros no está ciego? Somos ciegos cuando andamos perdidos en las tinieblas del pecado, cuando nos cerramos a los demás, cuando nos fijamos en las apariencias sin darnos cuenta, como afirma el Principito, que sólo se ve bien con el corazón Continue reading


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Domingo III tiempo ordinario ciclo A

Hoy comenzamos nuestra reflexión con esta primera frase de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios. Estamos dentro del octavario de oración por la unión de las Iglesias cristianas. Llevamos ya muchos años todos los cristianos diciendo que queremos la unión de las iglesias cristianas. Todos lo queremos y todos rezamos a Dios para que nos ayude a conseguirlo. Si todos lo queremos, ¿por qué no lo conseguimos? Es cierto que no todos los cristianos profesamos los mismos dogmas, ni ejecutamos los mismos ritos. Pero todos –católicos, protestantes, anglicanos, ortodoxos- creemos en Dios Padre, todos creemos en Dios Hijo, todos creemos en Dios Espíritu Santo. ¿No será esto suficiente para que todos los cristianos nos consideremos como auténticos hermanos y nos amemos como tales? También dentro de la Iglesia Católica hay teólogos católicos que interpretan un mismo dogma cristiano de manera muy distinta y sin embargo siguen llamándose y seguimos llamándolos “católicos”. Yo creo que el que nos consideremos hermanos en Cristo, de pensamiento, palabra y obra, ya es razón suficiente para decir que todos pertenecemos a la misma Iglesia cristiana. Cada persona somos un mundo distinto, en pensamientos, palabras y obras. Ni los católicos, ni los anglicanos, ni los protestantes, ni los ortodoxos, nos libramos de nuestra singularidad. Pero, si no oficialmente, al menos sí, cordialmente, llamémonos hermanos y amémonos como hermanos. Porque para que la Iglesia sea una no tiene por qué dejar de ser plural. Continue reading


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III Domingo de Adviento ciclo A 2016

Es el domingo de la alegría. El Señor, proclama el profeta Sofonías, librará a Jerusalén del acoso de todos sus enemigos No habrá nada que temer, pues el perdón de Dios extirpará de raíz todos los males y cancelará todas las condenas que pesaban sobre su pueblo. El amor del Señor hará maravillas en su pueblo, tanto que El mismo saltará de júbilo y se complacerá en su propia obra. Sofonías describe el amor y la alegría que tocan incluso al corazón de Dios: Él también se alegra de su propio triunfo en el hombre. La justicia de Dios se identifica con su misericordia y el resultado es la alegría. La comunidad de creyentes de hoy tiene también en su seno a gentes que, con su vida, muestran la verdad de Jesús. Profetas para nuestro tiempo que nos hacen cantar, como en el Salmo que recitamos hoy, que el Señor es nuestro Dios y salvador y no hay otro. El evangelio es “Buena noticia”; por tanto, motivo de alegría para los creyentes. La alegría cristiana proviene de la comunión con Dios y los hermanos, se manifiesta incluso en medio de las adversidades y nadie la puede quitar al que la tiene. Pablo en la segunda lectura exhorta repetidamente a la alegría porque el Señor está cerca. Continue reading


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Domingo XXXIII tiempo ordinario ciclo C 2016

Para los apóstoles, buenos israelitas, oír que ese maravilloso templo en breve sería destruido y que no quedaría piedra sobre piedra, sonaría a blasfemia, como nos sonó –ya hace muchos años—a los madrileños cuando supimos que los hijos de Lenin –que ellos cantaban orgullosamente—habían dinamitado el Monumento al Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles, en Getafe. Continue reading


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Domingo XXX tiempo ordinario ciclo C 2016

Una de las primeras virtudes que exigimos a un juez es que sea imparcial, pero, aplicado esto a Jesucristo, a veces puede resultarnos difícil ver la imparcialidad en su actuar y juzgar. Se alegra más por la oveja perdida que acaba de encontrar, que por las noventa y nueve que han permanecido dóciles y fieles en el redil, y se alegra más por la vuelta del hijo pródigo, que por la fidelidad y trabajo continuado del hijo mayor que siempre ha permanecido junto al padre. En el evangelio de hoy nos dice Jesús que el publicano salió del templo justificado y, en cambio, el fariseo no. Y no porque lo que decía el fariseo fuera mentira, o porque fuera verdad lo que decía el publicano. El texto evangélico no nos da derecho a pensar que el fariseo no tenía razón en lo que decía y, en cambio, el publicano sí. Seguramente era verdad lo que decían uno y otro. Tendremos que deducir, pues, que Jesús no los juzgó por lo que dijeron, sino por la actitud con la que cada uno actuó como actuó y dijo lo que dijo. Fue la prepotencia y la autosuficiencia con la que habló el fariseo lo que le condenó y fue la humildad la que justificó al publicano. Esto se desprende claramente de la primera frase con la que el evangelista Lucas introduce esta parábola del fariseo y el publicano: “a algunos que teniéndose por justos se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola”. Dios no es parcial por escuchar preferentemente más a uno que a otro, lo que pasa es que Dios escucha más al que pide con humildad, que al soberbio que desprecia a los demás. Si queremos que Dios escuche nuestras oraciones debemos siempre rezar desde la humildad, sin despreciar jamás a los que creemos peores que nosotros. Dios, antes que nuestras buenas acciones quiere nuestros buenos corazones: un corazón contrito y humillado Dios no lo desprecia. Esto no es parcialidad, sino justicia misericordiosa. Continue reading


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Domingo XX tiempo ordinario ciclo C

Son múltiples los textos en los que se nos dice que Cristo sí vino al mundo a traernos la paz. Por citar sólo algunos textos que sabemos de memoria todos los cristianos, podemos recordar lo que todos los días oímos en nuestras eucaristías. Después del Padrenuestro, rezamos siempre: Señor Jesucristo que dijiste a tus apóstoles “la paz os dejo, mi paz os doy” e inmediatamente después el sacerdote desea a todos los fieles que “la paz del Señor esté con todos vosotros” e invita a todos los fieles a darse mutuamente la paz. Al terminar nuestras eucaristías despedimos a los fieles diciéndoles: “Podéis ir en paz”. El mismo Cristo cuando se hace presente entre sus discípulos, después de la resurrección, siempre les saluda diciendo: “la paz esté con vosotros”. Podríamos añadir textos y textos del evangelio, de san Pablo y de los santos Padres, en los que se dice muy claramente que Cristo es nuestra paz, pero no es necesario. ¿Cómo explicar entonces este texto del evangelio según san Lucas en el que el mismo Cristo nos dice que él no ha venido al mundo a traer la paz, sino la división? La explicación más clara la tenemos en un texto del evangelio según san Juan en el que se nos dice literalmente: “os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo” (Jn 14, 27). La paz que nos da Cristo no es simple ausencia de guerras, o simple sumisión a las autoridades, es, sobre todo, lucha esforzada contra la injusticia. La justicia y la paz se besan, como se nos dice en distintos textos de la Biblia, dándonos a indicar que sin justicia social y moral no puede haber paz evangélica. Mirando a la vida de Cristo esto lo vemos muy claramente: Cristo no vivió en paz con las autoridades sociales y religiosas de su tiempo, sino en franca oposición. Por eso le mataron, porque denunció la injusticia de los injustos y criticó valiente y públicamente a los que querían hacer de su interesada y mundana justicia un arma con la que hacer callar a los que vivían explotados y marginados. La paz de Cristo, la paz del evangelio, es enemiga muchas veces de la paz del mundo. Continue reading