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Domingo de Corpus Cristi ciclo A 2017

Celebrar el “día del Corpus” es honrar a Jesucristo, presente en la Eucaristía y presente también en nuestras vidas. Celebrar la Eucaristía es dar gracias a Dios. Eucaristía viene del griego “eu-jaris”, que significa “buena gracia”. Damos gracias a Dios por regalo de su Palabra, por su Cuerpo entregado por nosotros y por su Sangre derramada por nosotros. La Eucaristía es el “misterio de nuestra fe”, es el sacrificio de la Nueva Alianza, es memorial de la muerte y resurrección de Cristo y es sacramento de amor y de unidad. Sólo celebramos bien la Eucaristía si tenemos los mismos sentimientos de Jesús. La fracción del pan, expresión con la que los primeros cristianos designaban la Eucaristía, refleja perfectamente lo que Jesús quiso mostrarnos al partirse y repartirse por nosotros. No olvidemos que el altar no sólo es “ara” para el sacrificio, es también mesa del compartir. Cuando ponemos el mantel y adornamos la mesa del altar estamos significando que allí se va a celebrar una comida fraterna. Y en esta mesa nadie está excluido. A ella están invitados todos: el parado que busca desesperado un trabajo, el inmigrante que se siente rechazado, el anciano que vive su soledad, el joven desesperado, la mujer explotada. Aquí no hay rechazo, ni soledad, ni explotación; aquí hay acogida, ayuda y solidaridad.
En este banquete al que Jesús nos invita no hay “Comunión” si no hay antes comunión de vida. El pan que partimos, ¿nos une a todos con el cuerpo de Cristo? Esta es la pregunta que nos formula el Apóstol en la segunda carta a los Corintios. Comulgamos con Cristo y con los hermanos. Si esto segundo no se da, lo primero pierde todo su valor. Somos muchos, pero todos formamos un solo cuerpo. Por eso la Eucaristía es sacramento de unidad. Adoremos a Cristo en el Santo Sacramento del Altar y amemos al hermano que está desamparado. La procesión del Corpus nos debe llevar a iniciar otra procesión al encuentro del hermano necesitado.
Transmitir esperanza es fundamental en la difícil situación social y económica que seguimos viviendo. En nuestro día a día debemos luchar mano a mano para salir adelante y superar las difíciles situaciones que estamos viviendo. Una Esperanza, como nos invita el Papa Francisco, que lleve la humanización integral y la dignidad de las personas que sufren. Una esperanza también desde la palabra que comunica vida y cercanía. Construir espacios de esperanza es salir al encuentro del otro y estar abiertos a sentir la realidad sufriente de los demás como la tuya misma. Es compartir otras realidades en diálogo permanente con la sociedad, sin prejuicios, con actitud abierta y esperanzada. Como seguidores de Jesucristo debemos estar al lado de los que más sufren, padeciendo con ellos y junto a ellos las dificultades que les han tocado vivir. Porque sólo con la unión y entrega desinteresada de todos nosotros podremos conseguir hacer mucho más. Esto es vivir la Eucaristía. Por José María Martín OSA. Betania. Es. Diego Ospina