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Domingo II Tiempo Ordinario

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Dios nos está llamando siempre, a todos y a cada una de las personas, sin distinción de razas, lenguas, o credos religiosos. A los que conocemos a Cristo nos llama directamente al seguimiento de su Hijo, principalmente a través de la lectura de los evangelios, o de alguna otra forma. A los que, sin culpa propia, no conocen a Cristo les llama siempre a la santidad, de múltiples maneras, a través de la propia conciencia, o de algún buen libro, o de otra persona, o de la naturaleza, o de cualquier otra forma que él crea conveniente. La llamada de Dios al seguimiento de su Hijo y a la santidad es una llamada universal, porque Dios nos considera a todos hijos suyos y quiere que todos nos salvemos. Cristo vino para salvarnos a todos; la redención de Cristo tiene un valor universal. Lo que, desgraciadamente, no es universal es la respuesta de las personas al seguimiento de su Hijo, y a la santidad en general. Son nuestras pasiones, nuestros vicios y pecados, nuestros egoísmos, los que nos hacen sordos a la llamada de Dios. Para seguir a Cristo, para alcanzar la santidad, tenemos que luchar contra múltiples tentaciones, tenemos que vencer las tendencias pecaminosas de la naturaleza, tenemos que nacer de nuevo, como le dijo el mismo Cristo a Nicodemo. Andrés y el otro discípulo que oyeron a Juan siguieron al Cordero de Dios, vieron donde vivía y se quedaron con él.

También al profeta Samuel era Dios el que le llamaba, cuando el niño dormía en el templo junto al arca de Dios, y la respuesta del niño Samuel, tal como le indica el sacerdote Elí, es un modelo de la respuesta que nosotros debemos dar a Dios cuando él nos llama. Ante la llamada de Dios nuestra respuesta debe ser siempre afirmativa; lo importante es no confundir la voz de Dios con otras voces que no son de Dios, sino que proceden de otras fuentes. Más de una vez pueden ser nuestros egoísmos y nuestros humanos intereses los que nos llamen, tratando de imitar muy bien, eso sí, la voz de Dios. La voz de Dios quiere siempre respuestas que expresen el bien más puro y el amor más generoso de la persona a la vocación de Dios. No debemos entender la vocación de Dios como referida únicamente al sacerdocio, o a los ministerios sagrados; Dios llama siempre a la santidad en cualquier profesión lícita y digna que realicemos. También “entre los pucheros anda Dios”, y debe andar Dios en la educación de los hijos, y en el discurso político, y en la fábrica, y en la casa, y en la calle… Lo importante, como hemos dicho, es tener los oídos del alma bien atentos para saber distinguir la voz de Dios y para responderle siempre con decisión y valentía: “habla, Señor, que tu siervo escucha”

San Pablo les dice a los cristianos de Corinto que no deben emplear el cuerpo para fines que no son de Dios, es decir, que ¡deben glorificar a Dios con su cuerpo! Si somos verdaderos cristianos, es decir, si estamos llenos del espíritu de Cristo, todo lo que somos y tenemos es de Cristo. No podemos pretender que nuestro espíritu sea de Dios, si entregamos nuestro cuerpo a los ídolos. Somos cristianos en cuerpo y alma y es el alma, el espíritu, el que debe dirigir al cuerpo, no al revés. Y si queremos que nuestro espíritu sea de Cristo, también nuestro cuerpo debe ser de Cristo. Cuerpo y alma forman en el ser humano una sola unidad sustancial, por tanto si queremos que nuestro ser sustancial sea cristiano, también nuestro cuerpo debe ser un cuerpo cristiano. “El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor; y el Señor, para el cuerpo”. Es decir, que debemos ser cristianos en cuerpo y alma. Por Gabriel González del Estal. Betania. Es.

Author: stjosephstmary

We are two Catholic Churches close to downtown Freeport, IL. Our communities are over 150 years old and have been dedicated to our lord Jesus Christ since our inception. We believe in God the Father almighty, creator of heaven and earth, and in Jesus Christ, His only Son, our Lord, who was concieved by the Holy Spirit, born of ythe Virgin Mary, suffered under Pontius Pilot, was crucified, died and was buried; he descended into hell; on the third day he rose again from the dead; he ascended into heaven, and is seated at the right hand of God the father almighty; from there he will come to judge the living and the dead. I believe in the Holy Spirit, the holy catholic church, the communion of saints, the forgiveness of sins, the resurrection of the body, and life everlasting. Amen.

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