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XIV domingo tiempo ordinario 2017 ciclo A

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Los sabios y entendidos a los que se refería Jesús en esta ocasión eran los doctores de la Ley, fariseos, escribas, que no le aceptaban como Mesías y, o no creían en sus milagros, o creían que los milagros que hacía los hacía por obra del príncipe de los demonios. Es decir, gente a la que su orgullo, su vanidad y sus intereses religiosos y políticos no les permitían reconocer la verdad de la doctrina y de la vida de Jesús de Nazaret. Porque la vida y la doctrina de Jesús eran para ellos una denuncia constante de sus intereses egoístas y perversos y de su vida hipócrita. La gente sencilla era, en cambio, buena gente, gente sencilla que creía lo que veía y se alegraba del bien que Jesús estaba haciendo a muchas personas enfermas, marginadas, pecadores, a gente humilde y de buena voluntad. En definitiva, Jesús alaba a su Padre y le da gracias por dar su gracia a los humildes y por negársela a los soberbios. La pregunta que debemos hacernos nosotros ahora es si realmente nosotros actuamos como los sabios y entendidos a los que Jesús critica, o como la gente sencilla a los que Jesús alaba. Es decir, si Jesús puede alabar y dar gracias a su Padre por nuestra vida, o no. Porque sería muy triste que nuestra sabiduría, nuestro entendimiento, nuestra cultura, nos incapacitaran para seguir a Jesús y para ser buenos discípulos suyos. En nuestro caso, nuestra sencillez no sólo no debe verse ocultada e impedida por nuestros conocimientos y estudios, sino todo lo contrario. La ciencia debe llevarnos hacia Dios y el amor a Dios debe iluminar nuestro amor a la ciencia. La sabiduría busca siempre la verdad y la verdad grande y última está siempre en Dios.

Jesús se presenta a sí mismo como un hombre sencillo, manso y humilde de corazón, que confía en su Padre Dios. Es su Padre el que le ha encomendado la misión de salvar al mundo y Jesús sabe que ha venido al mudo para hacer la voluntad del Padre que le envió. Pero él sabe que su Padre no quiere que salve al mundo a base de duras imposiciones o cargas pesadas, como pretendían hacerlo los sabios y entendidos del mundo, los escribas y fariseos. Él conoce a su Padre y sabe a su Padre se llega a través de la humildad y de la mansedumbre. Todos los que quieran llegar hasta su Padre Dios deben hacerlo aprendiendo de él, es decir, con humildad y mansedumbre de corazón. Dios nos salva por la pureza y la limpieza de nuestro corazón, más que por las obras grandes que consigamos hacer. El yugo de Cristo es un yugo llevadero y la carga que Cristo nos impone es una carga ligera, siempre que nosotros sepamos aceptar este yugo y esta carga con humildad y mansedumbre de corazón. Sólo los soberbios y los que confían únicamente en sí mismos están lejos del corazón de Dios.

San Pablo, en este texto de su carta a los romanos, opone el vivir según el espíritu de Cristo al vivir según la carne. Vivir según el espíritu de Cristo es vivir intentando continuamente dar muerte en nosotros a las obras del cuerpo. Es la ya conocida doctrina de San Pablo sobre el hombre viejo y el hombre nuevo: el hombre viejo se mueve dirigido por la ley del cuerpo, mientras que el hombre nuevo actúa impulsado por la ley del espíritu. La ley del espíritu se expresa en los dones y frutos del espíritu, mientras que la ley del cuerpo se ve arrastrada por las pasiones y turbulencias de la carne. Vamos a pedirle a Dios, en este domingo, que sea su espíritu, el Espíritu de Dios, el que habite en nosotros. Por Gabriel González del Estal. Betania. Es.
P. Diego Ospina

Author: stjosephstmary

We are two Catholic Churches close to downtown Freeport, IL. Our communities are over 150 years old and have been dedicated to our lord Jesus Christ since our inception. We believe in God the Father almighty, creator of heaven and earth, and in Jesus Christ, His only Son, our Lord, who was concieved by the Holy Spirit, born of ythe Virgin Mary, suffered under Pontius Pilot, was crucified, died and was buried; he descended into hell; on the third day he rose again from the dead; he ascended into heaven, and is seated at the right hand of God the father almighty; from there he will come to judge the living and the dead. I believe in the Holy Spirit, the holy catholic church, the communion of saints, the forgiveness of sins, the resurrection of the body, and life everlasting. Amen.

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