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Domingo XXV tiempo ordinario ciclo C

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Las palabras de Jesús son muy claras y tajantes, pero nosotros, en la práctica de nuestra vida diaria, muchas veces no lo vemos tan claro y nos las arreglamos para servir al dinero, tratando de convencernos a nosotros mismos de que por servir al dinero no dejamos de servir a Dios. No voy a poner ejemplos; que cada uno se examine a sí mismo. El dinero es una tentación casi universal para el ser humano. No son sólo los banqueros, o los empresarios sin escrúpulos, o los padres y madres de familia que buscan con la mejor intención el bien de sus hijos, todos nos sentimos más de una vez tentados por la atracción poderosa del caballero don dinero. Y cuando digo todos, incluyo también a los que por voto o profesión hemos renunciado oficialmente al afán de tener dinero. El desmesurado afán de poseer dinero ha sido, a lo largo de los siglos, una de las principales causas de las guerras, de las discordias, de las corrupciones políticas y sociales, de las desavenencias familiares y de toda clase de males. La decadencia de los grandes imperios, y de muchas Órdenes religiosas, no ha sido la pobreza padecida o profesada, sino la ambición desmesurada de dinero y más dinero. Porque el mucho dinero nos lleva fácilmente a la molicie y al vicio, mientras que el poco dinero –no me refiero a la miseria- nos empuja más fácilmente al trabajo y a una vida sobria y ordenada. Servir a Dios es preferir los valores evangélicos a los valores comerciales o materiales. Y para servir a Dios como Dios manda, muchas veces tendremos que saber renunciar a ganar más dinero. En el mundo occidental en el que nosotros vivimos esto no es nada fácil, porque parece que la única crisis que nos preocupa es la crisis económica, mientras que la crisis de valores evangélicos apenas tiene eco en nuestra sociedad.

Como nos demuestra el profeta Amós, también en su tiempo –ocho siglos antes de Cristo- los ricos se hacían ricos “comprando por dinero al pobre”, es decir, oprimiéndolo inmisericordemente. Jesús defendió siempre a los pobres frente a los ricos, porque veía claramente que también los ricos de su tiempo oprimían a los pobres. No se trata, por supuesto, de pensar que todos los ricos son explotadores y que todos los pobres son víctimas de los ricos. Como en todo, también en esto hay honrosas excepciones: hay ricos que han conseguido su dinero mediante un trabajo limpio, duro y sacrificado, mientras que también hay pobres que no han salido de su pobreza por su pereza y negligencia. Pero, en general, es verdad que los países y las personas más ricas han oprimido y oprimen inmisericordemente al pobre. Los cristianos, siguiendo el ejemplo de Cristo y del profeta Amós, debemos denunciar clara y contundentemente la explotación de los ricos sobre los pobres. Y, si somos ricos, en ningún caso debemos caer en la tentación de oprimir y explotar egoísta e interesadamente a los pobres, sino todo lo contrario: que nuestra riqueza sirva para aliviar la pobreza de los pobres.

Por los reyes y por todos los que ocupan cargos, para que podamos llevar una vida tranquila y apacible. El autor de esta carta a Timoteo, (siglo II d. C.), cree que la vida de los cristianos sólo podrá ser “tranquila y apacible” si las autoridades civiles les permiten vivir tranquilamente como cristianos. En este sentido les recomienda que recen por los que ocupan cargos en la sociedad. También ahora nosotros sabemos que la vida de los que queremos ser y vivir como cristianos depende en buena parte del comportamiento de los que nos mandan. Por eso, también nosotros debemos rezar especialmente por las autoridades, tanto civiles como religiosas. Por Gabriel González del Estal. Betania. Es.

P Diego Ospina

Author: stjosephstmary

We are two Catholic Churches close to downtown Freeport, IL. Our communities are over 150 years old and have been dedicated to our lord Jesus Christ since our inception. We believe in God the Father almighty, creator of heaven and earth, and in Jesus Christ, His only Son, our Lord, who was concieved by the Holy Spirit, born of ythe Virgin Mary, suffered under Pontius Pilot, was crucified, died and was buried; he descended into hell; on the third day he rose again from the dead; he ascended into heaven, and is seated at the right hand of God the father almighty; from there he will come to judge the living and the dead. I believe in the Holy Spirit, the holy catholic church, the communion of saints, the forgiveness of sins, the resurrection of the body, and life everlasting. Amen.

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